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domingo, agosto 12, 2007

Eva sus luces y sus barros

Todavía me sorprendo. Eso sin duda es bueno, solo que la sorpresa casi siempre me pone de llorón, eso es bueno o es malo? será que los 47 se vienen preparando el viejazo?
hoy en argentina es el día del niño, éramos tan jóvenes...ocurre que tengo una hija (Julieta Antonella)a la que vi nacer en el parto allá por el "85. y alguna vez hablando con Maby de la experiencia sublime que significa ver nacer tu hijo también la emocionó, hoy la sorpresa es esta sagrada prosa que Maby, Mabel Casas, me regala como consuelo al padre que no ejerce.

Gracias Maby por recoger en tu tinta tanto amor atado a la correa umbilical de las distancias que los rencores mal paridos entre padres e hijos eternizan





Eva sus luces y sus barros

fragmento XII

……………………………



1985



Eva la primera, un febrero veinticuatro nació entre sus gestadores casi niños.

Él la recibió en su antebrazo; eran tan partes los dos, como si padre y niña se cupieran mutuamente. Fue el instante de lágrima. Ella estrenaba sus primeras gotas de aire y solo lloraba por nada. Conocía. A su padre los ojos le llovían de exceso de milagro, verla salir casi en corrida desde aquel vientre de su madre.

Se estaban presentando, el tamaño justo de recién nacida y brazo. Entre sus nubes le sonrió, imposible la palabra, la respuesta fue el reconocimiento del acurrucarse entre piel y padre.

Eva creció pegada a hermanos, enamorándose del mundo, silenciosa observadora; fue novia salvación y negación del padre. La vida le fue pegando trampas. Aquellos casi niños crecieron entre tumbos, tragando tiempos, separando lazos. El brazo padre aún llora por su Eva que le nació frente a los ojos, sin del coraje de rogarle si es preciso que reconozca con su mano de muchacha, su antebrazo del hoy hombre. Eva quizás no sepa dónde apoyó al nacer su primer llanto de asombros, y cómo se apretó al olor del padre. Quizás sienten odiar.

Pero hay un espacio virtual en la memoria, sólo les resta abrirlo, amamantarlo con el tacto de raíz y brote; reaceptarlo y pelear por el valor indisoluble de la sangre, consentir parirse de nuevo.

Él estirar su brazo, donde Eva y padre logren mirarse nuevamente a los ojos y lloren juntos por un su segundo encuentro después de un parto adulto que les descarte las condenas.




mabel casas 12-8-07 5:25hs

miércoles, septiembre 20, 2006

Los destinatarios...(continuación)



http://www.geocities.com/delsuragenda/index.htm


Graciela Reyes



Es lingüista y escritora. Enseña sintaxis, semántica y pragmática en la Universidad de Illinois en Chicago, y es autora de varios libros sobre sus temas de investigación. El último se titula Metapragmática. Lenguaje sobre lenguaje, ficciones, figuras (Valladolid, 2002). Su obra literaria comprende libros de poemas y de cuentos. Los últimos títulos son Condiciones de felicidad (inédito) y Cuentos para niños chicos y grandes (Madrid, 2001).

Vive en Chicago y en Madrid y todos los años viaja a la Argentina. Actualmente está escribiendo un diccionario de pragmática y preparando un libro de relatos. También ha comenzado a escribir sus memorias.
Página personal: http://www.uic.edu/depts/sfip/people/reyes.html
Email: grareyes@uic.edu




LA LECTURA
COMO CONVERSACIÓN
Por Graciela Reyes



Anochecía. El parque estaba húmedo, oloroso, y las luciérnagas flotaban sobre lo verde, encendiéndose y apagándose. En la punta de un largo banco, un hombre leía un libro, absorto, aprovechando el último resplandor de la tarde. Tenía en las manos un lápiz y una regla, para subrayar el libro.

Mi amigo Gerardo, que acaba de morir, leía sentado a una mesa llena de libros, bajo la luz de una lámpara y las estrellas sin cuento del cielo patagónico. Usaba una escuadra chica, escolar, para subrayar los libros. Las charlas entre él y sus amigos solían ser continuaciones de las que había tenido antes con los libros. Siempre lo recordaré rodeado de libros, buscando pasajes marcados, comentando, disintiendo, en una conversación que unía a los presentes y a los ausentes, y nos incorporaba a todos al gran diálogo humano que comenzó con el lenguaje y se afianzó luego con la invención de la escritura.

Hay muchos modos de leer. Como demuestra Ricardo Piglia en El último lector, la literatura nos ofrece un repertorio de lectores insaciables, obsesivos, dementes, de lectores como autores, de lectores como lectores. Don Quijote, el más famoso de todos, no sabe volver a sí mismo después del desdoblamiento que propone la lectura literaria, cree ser otro y vivir otra vida, y de hidalgo apacible pasa a ser un anacrónico caballero andante. Pierre Menard, personaje de un cuento de Borges, se propone reescribir el Quijote, escribir una réplica idéntica, pero siendo Menard, siendo lector, no siendo Cervantes. El mismo Borges es un lector de sí mismo y de otros, llamado a veces Borges. La literatura, de una manera u otra, trata de sí misma, y por eso trata del lector: porque la literatura es, sobre todo, un tipo de lectura.

Pero cualquiera sea el modo de leer y cualquiera el género, literario o no, del texto, leer es, siempre, una forma del arte de la conversación. Es un diálogo entre autor y lector, y entre muchas otras voces suscitadas por ambos. Todo diálogo creativo, enriquecedor, es como un concierto que se va improvisando. Al leer, tenemos una partitura, pero la interpretamos de muchas maneras, no todas previstas por el autor. Se puede leer más o menos pasivamente, pero el lector jamás es inerte, porque interpretar lenguaje exige reponer contextos, suplir ideas y emociones, crear imágenes, recordar, soñar. En todo texto el lector está presente desde el principio. Umberto Eco llamó a ese lector propuesto por la escritura misma lector in fábula: es el lector al que habla el autor, un ser ideal, imaginario, prefiguración de cada lector de carne y hueso que debe reaccionar, participar, cooperar en la recreación del texto.

Por eso el lápiz y la regla. Cada vez que subrayo, contesto abiertamente, participo, doy mi opinión, y además marco los pasajes a los que voy a volver en futuras conversaciones. Al pasar los años, abrir un libro y encontrar nuestros subrayados y notas al margen instaura todavía otra conversación: la conversación con nosotros mismos. Un libro es un lugar de encuentro, de voces que se entrecruzan, de descubrimientos continuos.

Mijail Bajtin decía que la vida consiste, en todos sus niveles, en intercambios de significados, ya sea entre organismos y procesos del mundo natural, entre neuronas, entre palabras, entre miembros de la sociedad, entre sociedades. Al leer, por el milagro tecnológico de la escritura, podemos conectarnos también con las mentes de personas muertas o lejanas: las palabras quedaron allí, esperando respuesta. Lo escrito pide respuesta. Leer es responder.

En cada libro hay una conversación posible, nuevas ideas, nuevos conocimientos, nuevos amigos, las voces de los amigos que se han ido, y la ilusión de entender algo más de la existencia.



Graciela Reyes Quilmeña para más datos !

martes, septiembre 05, 2006

Los destinatarios

http://p203.ezboard.com/fbalcondepoesiafrm2.showMessage?topicID=6457.topic

Los destinatarios


Dios puede haber muerto, pero aquel para quien hablamos (se llame dios o como se llame) nunca morirá, es una parte de cada uno de nuestros enunciado, es el destinatario ideal, el superdestinatario. Mijail Bajtin, el gran teórico del lenguaje, lo explicaba más o menos como sigue. Todo enunciado exige un destinatario, una segunda persona (sea uno, tres, cien o un público inmenso), puesto que uno siempre habla dirigiéndose a alguien, aunque hable solo. Pero además, todo enunciado requiere una tercera persona, un personaje ideal que entiende exactamente lo que queremos decir, que responde como esperamos, que siente como deseamos que sienta. Es una respuesta perfecta la que moldea nuestras palabras, en última instancia: no hablamos solamente con nuestro interlocutor o nuestros interlocutores, sino con una tercera persona invisible, y esa tercera persona es una parte constitutiva de nuestro enunciados. El superdestinatario (en ruso se dice nadadresat) no es nadie en particular pero es tan real como el destinatario inmediato.

Creo yo que la soledad total es la ausencia de superdestinatario: estamos solos y menos que vivos cuando no tenemos superdestinatario, aunque nos oiga quien tenemos delante. Bajtin dejó apuntado en una notita “Piénsese en la cámara de tortura, piénsese en el infierno”. Allí puede haber comunicación e interlocutores, pero no hay tercer oído, el torturado es el no escuchado por nadie, el que se define por ser no escuchado.

La soledad. Como espadas son las palabras, las diarias, las pasajeras o las memorables, con las que combatimos la soledad. Gracias a ellas creamos nuestra propia existencia, puesto que nadie que esté totalmente solo (sin la tercera persona), existe realmente. Hablamos para ser, y hablamos para otros, para el interlocutor que nos mira y contesta (la segunda persona) y para el otro, la tercera persona invisible, el compañero perfecto. Hablamos porque ese compañero existe, somos porque ese compañero existe y nos oye siempre, siempre.

Graciela Reyes
Nueva York, mayo del 2001

extraido del nº 23 de "agenda del sur"

dreyes

sábado, septiembre 02, 2006

Nogal nocturno


por Fedra

ÉL -ELLA


No hay dioses: Sólo hombres que no quieren morír. Ella tose porque no siente el corazón Él ensaya un soneto gris a la sombra de un nogal porque tanta luz promete eternidades cegadoras. Ella abre un libro y lee porque se siente acorralada por esa hora cero en que no hace sueño ni hay trabajo. Él esmaga una hormiga verde porque ya está bien tanto orden a ras de suelo. Ella escribe una carta a alguien que nunca supo quién era y que olvidará sin remordimiento. Él teclea el piano porque es sublime a ciertas horas soñarse Chopin tras hacerle el amor a George. Porque es preciso no descender las profundidades de la vida. Urge no pensar demasiado en cuestiones metafísicas. Él piensa en ella. Ella piensa en él. Los dos se piensan amándose Turbados por el deseo visceral que los aterra Porque allí saben mejor que en cualquier otra instancia que no son dios ni diosa Sólo criaturas comunes que se muerden como niños. Porque no quieren morír.

Fedra