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viernes, octubre 05, 2007

"Ni vivos ni muertos: desaparecidos!"

Quien te diga... reenviando y reenviando logramos que Clara Anahí se encuentre con la abuela.-
Sería maravilloso.-
Reenvíenlo hasta al menos pensado.-




Mail de 'Chicha': mariaisabelchorobik@sinectis.com.ar
Cada atardecer
las recolectoras
de estrellas
salimos a iluminar
la noche
Ma. Eugenia Nolasco
Junín 1410- Tel: 02652 15486863
San Luis Cap

miércoles, agosto 16, 2006

Indiferencia ( octavo pecado capital)

por Juan de los Palotes


.











Pongo mis pies en tus zapatos
y en remojo las culpas,
que tanto es el ruido de las tripas
en la vacía entraña,
y la mueca de hambre
en los morados labios
que me llevan de paso
a convivir con ellos.
El ayuno en la mesa del deseo
rasca en el fondo de la olla
la dignidad quemada
y acusa el frío de anochecer andenes
las migas cayendo del plato del avaro.
¿Quien te dará en limosna
de su bolsa las sobras?

sábado, febrero 18, 2006


Perorata

A estas ¿ por que no?, también alcanzara el olvido,
la taparan despacio otras no menos viejas palabras
y al cabo de otros tantos amarillentos días
será opaca ceniza polvorienta. Pálida y borrosa
tinta aguada y desleída.

¿ Queda acaso algo perenne a que aferrarse ?

Inexorable la vejez constante en su continuo roer
escupirá las sobras que nos queden a la muerte carroñera;
y yo: ¿ Seguiré ensuciando este papel que acaso fuera
otrora árbol, fibra, resina, madera? Yo; ¿ Seguiré buscando
ver florecer la madreselva y seguiré prestando oídos al zorzal
que muda a mi ventana en cada primavera?

Tal vez ella guarde memoria de nuestro amor caduco;
(a veces hay rarezas que se convierten en eternas).
Absurdo.
Todo es tan aborreciblemente absurdo.

Hay una criatura que llora desconsoladamente
y no prodiga pan mi pluma a su boca vacía.
Hay una hembra que excreta un hijo en un baldío;
Pregúntenle: ¿A que sirve la poesía?


Juan de los Palotes.


Los miserables

Cae la sombra noche severa
su negro manto de helada escarcha.
Una sutil silueta va ligera
subiendo la loma de Sísifo.
Ata su piedra a un carro de remiendos,
como invisible alma va sombrío
entre no menos otras almas.
El sol, ya le dio la espalda,
otros ojos también. Es invisible.
Como una sombra dentro de su sombra
va trashumando cartones y botellas.
Como un anónimo secreto ignominioso
va levantando nuestras mugres y miserias;
los restos de nuestro mezquino acerbo,
nuestra propia ceguera irreverente.
Se contrasta la acción con el discurso
del sermón del verbo en la montaña.
Invisibles a nuestros egoísmos
van, juntan y van, ciegos son:

los miserables.

Juan de los Palotes