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lunes, agosto 17, 2009

EL INMORTAL




“…También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?...” J.L.B


El inmortal

Diario Crónicas-Litoral sur
Fray Bentos, República Oriental del Uruguay,
Octubre 28 de 1987

"Je garde ton parfum dans ma mémoire, par si mes yeux, dans un demain des aveugles, ils ne te reconnaîtraient pas "

El argumento había dejado un poro abierto, una grieta por donde sus jugadores se fugarían. De aquellas paginas amarillentas y ajadas, aparentemente inerte surgiría envuelto en una polvorienta nube de talco literario el hecho mas ascético que jamás mi pluma haya puesto en palabras de dos personajes.

La historia me la refirió María C., en los pasillos de la Biblioteca Nacional Buenos Aires, (No publico su apellido en Honor a un pedido expreso de su madre) inmediatamente cruzamos al café de los artistas situado sobre la contracalle del edificio, casi esquina Perú. Mi interés por conocer cada detalle del suceso me inquietaba. María C. vacilante y perpleja narraba con dificultad los pormenores de su vivencia, como si un temblor frio y ancestral se apoderara de su lengua.

La tarde era de agosto. El sol y la temperatura bajaban la pendiente de la cresta más cruda de ese invierno de 1987. El no nos dejo (me dijo) él sigue jugando a esconderse detrás de sus personajes.
En un estante fuera de catalogo había encontrado; buscando un ejemplar de “ Das Perfum” de Patrick Süskind, un centenar de paginas arrancadas de cuajo. Ella conocía perfectamente su caligrafía y podía asegurar que eran del maestro.
Curiosamente eran manuscritos originales e inéditos de una corrección preliminar de “Irineo Funes” (el memorioso) y estaban insertas entre los capítulos XXV y XXVI, precisamente entre las paginas 197 y 198 de la primera edición del " evanescente reino de los olores" de Jean-Baptiste Grenouille (cuando este se aísla en los Montes de Cantal buscándose a si mismo.)

Note que alguien en la mesa contigua se esforzaba por escuchar el relato. Pague y nos fuimos. Quedamos en encontrarnos al día siguiente. María C. no acudió a la cita. Inesperadamente le perdí el rastro, desapareció como la niebla.
Dos semanas mas tarde me entere que había sido internada por un pico de stress en un neurosiquiátrico de la zona sur del cono urbano bonaerense. Fui a visitarla.
Su madre me salió al encuentro para pedirme que no publicara la noticia, no quería que trascienda el estado de perturbación mental, temporal o quizás, permanente de María C. le pedí que me dispensara cinco minutos a solas con ella.

-Lo vi!( afirmó con los ojos lánguidos por la medicación), lo vi mientras tomaba nota de los apuntes del maestro. Apareció detrás mío como un fantasma. Era un hombre pequeño de nariz prominente y ojos sombríos, me dijo. Afirmo llamarse Jean- Baptiste y no Irineo como el maestro había dado en llamarlo. Un enfermero entro y me ordeno salir de la habitación. Su rostro me pareció familiar.

Al día siguiente encontré bajo la puerta de mi departamento un sobre con una centena de paginas en manuscrito y una esquela de la mamá de María C. que me pedía discreción. María C. había entrado en estado de coma farmacológico. Los apuntes aludían a recuerdos y datos oníricos acontecidos en imprecisos cuandos y dondes, y un poema escrito en francés que (perdonen mi François) malamente intentare traducir más adelante.

Cela doit être insupportable de tristesse /de savoir qui/se souvenir du premier amour/et le premier baiser/
et l'étonnement de la première lune/Il errer/errant la nuit des temps/la recherche en vain/
que l'amour qui n'est pas reconnu/.


Vivencias referidas a su persona encarnando el espectro de un hombre atormentado por los recuerdos; recuerdos de vivencias olfativas del pasado, vidas anteriores a esta vida castigadas por revelar datos del angosto sendero que conduce a la gran puerta( que por algún motivo matemático o metafísico debe permanecer cerrada a la conciencia del hombre común) No cavia duda de que el Funes de Borges era el Jean-Baptiste de Süskind.
Ambos personajes de sufridas historias para un mismo ser guardado en las grises páginas de una novela de la Francia del 1700 y un mismo hecho recontado 300 años después. Dos historias para una misma alma condenada a sufrir sus recuerdos por atreverse a transgredir umbrales.

Sepan juzgar ustedes la mala traducción que a continuación agrego a este articulo con animo de ilustrar la esencia de un brutal y eterno martirio:

Tal ha de ser insoportable la tristeza/
de quien sabiendo/
recuerda el amor primero/
y el primer beso/
y el asombro de la primera luna./
Ha de vagar errante la noche de los tiempos/
buscando en vano aquel amor/ que no le reconoce…


Así sentencia el poema.
Finalmente digo; hete aquí el personaje escribiendo, creando al autor, dictándole desde su conciencia universal y trascendente la verdad de todo argumentoque es uno y solo uno, el resto, solo una historia recontada.
Arranco estas paginas de Funes, El Memorioso, para que otro Omar, otro Süskind o tal vez un Borges más allá de un Borges la reescriba sin sufrirla.
Guardo tu perfume en mi memoria, por si mis ojos, en un mañana ciegos, no te reconocieran”

sábado, septiembre 29, 2007

...propuesta indecente



Amigos, gracias por el entusiasmo y la participación en este concurso, donde el valor reside en aceptar el juego, el desafió que implica disfrutar con coraje del decir, de expresarse. Haciendo aguas…¿vamos como cáscaras de nuez a la deriva o se pierde la noción de coordenadas en el esfuerzo de mantenerse a flote,? Entonces, Aute canta en la voz de Silvio, pregunta, y nos ahoga la respuesta…” pero, quiero que me digas, amor,
que no todo fue naufragar
por haber creído que amar
era el verbo más bello ...
dímelo ...
me va la vida en ello…
…y se ahoga la garganta con las ganas contenidas de soltarse en tormenta para que la lluvia se confunda con las lagrimas, y se proyecta la vida en blanco y negro haciendo del recuerdo un corto de Chaplin, en que alguna escena se nos muestra amarillenta y otras coloridas, estas, son las que endulzan la lengua cuando la vida parece que ya produce nauseas, entonces, uno se aferra a esa astilla y emerge, sabiendo que la muerte asquea.
Entonces
“una flama tiñe los ladrillos pestañea como sombra hallada en laberinto un resorte en instantes se retumba en púrpura se instauran yunta mansa.”.
Eso es flotar, es pervivir y aun en el naufragio, aferrarse al mástil y al carajo.

Tengo el honor, el enorme honor de distinguir ahora con el premio “trinchera” a la Sra. Mabel Casas, publico aquí su poema:



un claro saturado por todos los mares del sur
una raja en todos los pechos de cuántas mujeres reflejé
pierde
pierden los bidones de la cuenca mi cuenta la cueva
los huecos
estos de llama llamados a dar dadoramente mirada
ojos

lloran todos los ojos de cuántas mujeres marché
lo sumergido pauta carpinterías de todas las arcas
no sacan de balsa
no alegan los amores de cuántas mujeres ofrendé
aullo bramo rujo y hasta trueno
que alguien me diga que no todo fue naufragar…



mención especial

Maria Inés Díaz , Débora Hadaza Días , Mari-Carmen Ruiz Morcillo, Alejandra DeningA todos les agradezco la participación.
Los premios

1) un oleo sobre tela de Altamira

menciones especiales: un mate y una bombilla

A todos ustedes por llegar a esta puerta: GRACIAS!

miércoles, septiembre 19, 2007

Secretos de Confesión




No espero con esta narración de hechos (donde he preferido omitir el nombre de sus protagonistas) edificar un concepto ni especular con la confianza de mis lectores, ni es mi intención aún, convertirme en un formador omnisciente de opinión, mas allá de toda mirada esponjosa espero puedan leer entre líneas, y encontrar dentro de todo contorno, huecos de luz que puedan atravesar la historia, para iluminar al lector de acaso algún matiz digno de rescate en la negrura que un alma humana puede llegar a experimentar. Tratare de narrarles esta historia cuyo eje no es otro que el de los tan transgredidos bordes entre lo posible y lo inasible, lo aceptable y lo indefendible desde la hipócrita conducta humana que nos mantiene erguidos, desde lo moral como paradigma en permanentes espirales de cambios. No es mi ánimo blandearme en narrar el morbo con que esta historia se suscita y si, mi pretensión, ir más lejos del mero hecho de describir la escena morbosa de alguien que hace abuso de una niña de la calle en una confesión

Según cuenta la leyenda, Una mujer a punto de parir y alcoholizada para soportar los dolores de parto trastabilla frente a la puerta de su casa, un gendarme la observa, se quita su capa y asiste a la desdichada mujer a parir sobre la prenda. Una niña nace así debajo de una farola frente al número 72 de la rue de Belleville en París.
Sus cartas ya estaban echadas, más que por sus genes, por aquella metáfora que encendería luces y sombras a su callejero alumbramiento.
Sus padres (una cantante ambulante y un circense bohemio), demasiado pobres como para criarla, terminarían por confiarla en tiempos de guerra, a su abuela paterna (que regenteaba una casa de prostitución en Normandía) la niña es criada por las prostitutas de la casa. Al finalizar la Primera Guerra Mundial, su padre vuelve del frente y la lleva consigo a vivir la vida de los artistas itinerantes, independiente y miserablemente. Dormían en las bodegas o en las calles, guareciéndose como podían de la dura intemperie y sin poder comer caliente cada día.
Así siendo aun niña acompaña a su padre cantando en las calles, tal como su madre lo hacía.
Un día llegan a Reims, ya en el centro, pasan la noche en la place du Parvis, donde hay una estatua de Juana de Arco. La noche era fría y un viento siniestro anunciaba lluvia, el cielo cerrado y negro apenas contorneaba de a instantes una gran luna que prontamente se guarecía tras los negros nubarrones que se desplazaban velozmente hacia el norte. Su padre le ofreció un trago de licor que ella acepto sorber de la botella. El entonó su armónica y ella siguió el ritmo mientras con vos dulce y triste cantaba una antigua canción:
(1) Quand tout j'ai fini, quand je suis arrivé loin / Quand mes souvenirs seront finalement / un seulement cela, des souvenirs boueux, / Quand la tristesse deviendra une joie / et à cette longue nuit je l'ai dévorée le jour / Éveille-toi-moi combien de, j'ai souffert alors. / Par que la mémoire est paire d'olvidos / et est bon de se souvenir de combien de tu as souffert / Quand tu souffriras moins, avec moins un motif./…
El frío era intenso, de muerte, y ella se quedo dormida para siempre en ese banco de la place du Parvis abrazada a sus muñecos de peluche.



Paris Era 1935

y ella, ahora, una muchacha de veinte años, estaba cantando en una transitada avenida cuando un hombre, elegantemente vestido, se detuvo a escucharla. Permaneció allí durante un buen rato, hasta que, alargándole un billete de diez francos, le propuso hacer una prueba.
Ella asistió a la cita con curiosidad, una mezcla de admiración y respeto se había apoderado de ella, entro a su despacho y le extendió la mano.
No me respetes tanto y muéstrame las tetas -le pidió-
. Al día siguiente, , impresionado con esa voz, a la vez bronca y dulce, la contrató. Pocos días después. convocó a los mejores clientes de su prostíbulo para el estreno de la joven a la que había rebautizado su gorrioncito...y la convirtió en una figura.
A los siete días, lo encontraron muerto en su despacho. Lo había asesinado un disparo. la policía la consideró sospechosa del crimen por las relaciones que tenía con los Hampones del lugar. Al amanecer los titulares Parisinos la acusaban sin pruebas, y truncaban su carrera. El publico y aquellos que le permitieron surgir le soltaron la mano.
Solo ellos en ese despacho, nadie más escucho su confesión y su secreto
A veces la justicia adquiere la fisonomía de las apariencias, y un trozo de carbón de culpa pinta el rostro de quien tubo que aprender a resucitar revolcándose entre sus cenizas.


(1) Cuando todo pase, cuando llegue lejos/como un gorrioncito que levanta vuelo/
Cuando mis recuerdos sean finalmente / un tan solo eso, borrosos recuerdos,
Cuando la tristeza se torne alegría/ y a esta larga noche la devore el día/ Recuérdame cuanto, he sufrido entonces.
Por que la memoria es yunta de olvidos/ y es bueno acordarse de cuanto has sufrido/
Cuando sufras menos, con menos motivo….








* Este texto de ficción esta basado en la vida de la cantante Francesa Edith Piaf

viernes, agosto 31, 2007

Cimitarra




Un alquimista se desvela noche tras noche por conseguir la Piedra Filosofal que convertirá el plomo en oro. O por descubrir, al menos, la píldora de la inmortalidad. Habrá empezado por machacar la Materia Prima, Caos o Agente Mágico Universal: una sustancia pétrea de ardua recolección, usualmente oculta entre desechos pútridos y miasmas. Después, habrá introducido esa mezcla en un recipiente fabricado con cristales de gran pureza mediante procedimientos secretos. Con paciencia que no es de este mundo, el alquimista humedecerá luego ese preparado con el rocío primaveral cuya obtención sólo dominan los iniciados, para someterlo enseguida a la cocción en un Atanor, cuyo fuego ha de ser regular y constante pero no excesivo, y jamás debe apagarse, ni de día ni de noche. Es un fuego secreto, para alimentar el cual es decisiva una sal primordial, sintetizada por métodos químicos... Estará consumándose, de este modo, la Magna Obra de la alquimia, que incluye dos etapas fundamentales: la muerte y
putrefacción de aquella sustancia primera, y más tarde su resurrección en una forma nueva más noble y mejor.

Malê, (asi se llamaba a todos los negros esclavos islamizados), solía contar historias asombrosas, una noche mientras los herreros del establo roían unos huesos de buey, sacó a relucir una cimitarra, y aseguro que estaba forjada con pasta Damasquina solo que su autor nunca lo supo,una receta alquimica que fue robada por los Sirios. Esta cimitarra tenia su historia, habia pertenecido a Salah al-Din Yusuf, ( Saladino),conocido por haber devuelto Jerusalén a los musulmanes, derrotando y expulsando a los cruzados. Este acontecimiento provocó una nueva cruzada (la tercera) liderada por el famoso rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León.
Cuando Ricardo Corazón de León se encontró en las cruzadas con el gran Saladino, éste, tomó un cojín de seda y lo partió en dos con su cimitarra sin la sombra de un esfuerzo, al grado de que el cojín pareció abrirse por sí mismo. Entonces lanzó un veló al aire y con su arma lo desgarró. Así, en tiempos de los cruzados, las espadas de Damasco se convirtieron en legendarias. Durante siglos fueron fascinación y frustración de los herreros de toda la Europa occidental que trataron en vano de reproducirlas…

Idéntico afán movía al mítico alquimista italiano Artefio, prosiguió, quien juraba haber alcanzado la edad de mil años y transmitió así su legado principal: "Cuando del hierro mezclado con carbón, negro por la cocción, veas elevarse el color blanco, resplandeciente como una espada desnuda, será preciso continuar calcinando hasta que se manifieste la rojez centelleante, y en este momento cumbre la piedra filosofal aparecerá ante tus ojos".
Malê,siguió su relato con los ojos brillosos,
Con el mismo acero forjaron mis abuelos, ellos mismos, sus grilletes…pudiendo haber fraguado cimitarras que cortaran sus cadenas.

martes, agosto 21, 2007

Historias De tangos & Fantasmas


Bar "El Balcón"
Plaza Dorrego.San Pedro Telmo.Buenos Aires. Argentina
Agosto 17 de 2007

Los clientes del bar uno a uno se fueron marchando”… hasta dejar a solas a la historia, a solas la historia y nosotros en el bar del Balcón, de un San Telmo empedrado con memorias. La Noche y yo quedamos frente a Pablo tintineando en las copas doce uvas de un San Felipe del cuarenta y cinco; por vos Julián y por La Noche, pronuncio Pablo embelesado frente a esta pareja de escritores que tenia sentados frente a su mesa. Soy de Parral, Chile, nos dijo y mi sueño es escribir como ustedes, pero tengo horrores de ortografía, lamentó. Sonreímos. Había en su voz una magia premonitoria, su voz era casi una canción desesperada.
Piazzola estrujó el bandoneón hasta hacerlo rezongo y rezo. Sentí que La Noche me abrazaba con sus brazos de hembra enardecida. Ella quería bailar, bailar, bailar; bajar como baja un mural pintado en la pared hasta el empedrado de Plaza Dorrego, mezclarse con la gente y con sus piernas en ochos y quebradas también decirle Adiós a Nonino.
Pablo se despidió. Dejó unas líneas en una servilleta: “Adiós, pero con migo. Acostúmbrate a ver detrás de mi la sombra. Amo el trozo de tierra que tu eres”.
Y agregó con su voz Parral, ustedes…que son…? Otra vez se nos dibujo una sonrisa. Noche respondió casi con una carcajada: desde hace dos horas…, ” Dos amantes dichosos haciendo un solo pan”.

La banda dejo de ensayar sobre el escenario y comenzó a tocar, rastras de grueso calibre saxo y mucho ritmo Jamaiquino llenaron con sus acordes la capacidad del recinto, el tablero ajedresino de las viejas baldosas del Púb se aplastaron con el peso de una multitud cosmopolita escaleras arriba, mire el retrato de la mujer del mural en la pared de la barra y pude sentir que su presencia reclamaba, trascender del ladrillo descarnado para hacerse hueso y sangre y piel y verso, estrofa y canto en una canción desesperada. Y una pregunta sin respuesta me obsesiono la noche. La Noche, que fue de Esa noche de escotes desbordados en San Telmo que mira balconeando sus contornos la pinta de un Julian que la seduce. Donde quedo el rastro de tu noche San Telmo? Como un aroma que se espaece con el viento tu Tango de Julianes trascendió fronteras para dejar espacios abiertos a nuevos moradores, de avidas historias a trascender en letras de algun Pablo.

El mozo nos trajo dos cortados,” aún se aman; fieles permanecen, mataron al tiempo.dijo. Afuera suenan asentos de Reggae sin Piazola y un Joaquin canta más cerca de la Boca que a San Telmo.

martes, agosto 14, 2007

Del realismo mágico a la mágica realidad( a dos voces)



de los éxodos necesarios

Capagris el diarero, gritaba el titular “de Tokio a Nueva York las jirafas invaden en millares”
El río de pies apiñados que corrían por las urbes en distintos idiomas; metidos en sus propios torrentes, ignoraron.
Un semáforo pudo haberlos parado en seco, como electrodos que reaccionan a la luz; simulando ser humanos por la ropa, aunque adentro
computaran sus urgencias de rutina.
Pero no fue un semáforo, fueron borbotones de jirafas en cántaros amarillos. Tenían flores en sus manchas, estrellas por orejas reflejaban sombras transparentes y sorprendentemente hablaban.
Marquesina era una niña feliz frente a esta visión, apostada en la ventana de su casa junto a su amigo Lunes. Habían apostado toda su imaginación a que ese comienzo de semana, le mostrarían al mundo que pueden abrirse los grifos mágicos, volviendo a sentir. Impulsando la fiesta de lo insólito y lograr que las ebulliciones del gentío indiferente se detengan en su marcha obsesionada en perseguida; ganando abrir ojos, respirar en ancho y de total instante juntos dejarse chupar por el aspirador de las fuentes; metiéndose entre páginas de creación para volver a percibir, imaginar y vivir pausas. Hasta descubrir que queda tiempo para discurrir hablando y durmiendo con jirafas, regresando a ser personas con el asombro de frenar y ver diferente.

Una pantalla de TV en una tienda repetía hechos similares. Tumultos de calandrias en el Nilo, grillos entre el obelisco en Buenos Aires, elefantes rojos en Tierra del Fuego, vientos en el paraíso y lluvias en el infierno.
En tanto en un paso casi olvidado de la Cordillera de los Andes, delineado por aquel camino del Inca; Nacarena (joven originaria del lugar), escribía con tintas de su montaña, el reinicio de los cuentos de la Tierra.

mabel casas


De las migraciones cardinales.

Capagris el diarero, gritaba el titular: " de la cordillera patagónica a Buenos Aires" vientos de nieve invaden la reina del plata…Como si se tratara de un cuento de Maby Casas, " hay éxodos tan necesarios…" que por absurdo o milagroso conmocionan. Obviamente, que nieve en baires, es tan imposible como encontrar un diariero de nombre Capagris. Esto solo ocurre en los cuentos. Por que si esto sucediera, un asombro colectivo haría detener el transito, y agotar los rollos de fotos de digitales japonesas, y niños y abuelos saldrían a jugar a la vereda a las 2 de la mañana y hacer muñecos blancos en la acera y las monjas a persignarse de rodillas a Sor Presa. No. Esto no es material para un cuento, lo descarto, por pecar de imaginativo o novelero. Ya nada puede ganarnos el asombro, lo impensado es solo tierra de poetas, es polvo en el terreno del parnaso.
Si nevara en baires en algún mágico julio solo los orates podrían verlo, esos fenómenos no son para los ojos de los cuerdos, esas migraciones cardinales de apocalíptica madre cambiarían el tenor de la crónica, dibujarían la sonrisa perdida del bobo de la esquina y el lector ávido de amarillas prensas cambiaría de género para leer poesía. No. Indudablemente si nevara en Baires Capagris no vendería. Por que en Baires, en Baires Lo que mata es la humedad , por eso es imposible que la nieve sea noticia. No sea que los éxodos infecten a una humanidad en búsqueda de "borbotones de jirafas en cántaros amarillos."

Altamira, un Juan de los Palotes

viernes, junio 29, 2007

CUADRATURA DEL CÍRCULO



Por juan de los Palotes

Un exaltado sueño y un recuerdo me son recurrentes, ambos desde un mismo acontecimiento de mi vida donde recuerdo y sueño se entrecruzan en un mismo y único episodio monódico.
He decidido hoy volver a ese lugar para recorrer la delgada cuerda que separa tensa la realidad de la fantasía,
Pararme en suspenso en el umbral que silente aparta lo onírico de lo vívido, no como protagonista sino como espectador, como un observador de una escena tan tangible como las imágenes que evocan mi memoria; licuándolas
hasta evaporarlas, tan etéreamente sólidas como se representan en mis sueños.
Y allí me paré , en esa esquina como hace cuarenta años.
Me detuve allí, en ese lugar en que oriné mis pantalones y solo hallé el recuerdo revolviendo imágenes, destiñéndose como el tiempo destiñe las páginas sepias hasta hacerlas ilegibles.
Sentí que presente y pasado se encontraban en esas coordenadas, junto al futuro evasivo que huía hacia delante.
En un instante la eternidad se había dado cita en esa esquina y toda mi vida se concentraba como un haz incandescente en un atemporal simulacro de armonía.
Toda la agitación que me turbaba en sueños pasó a ser ajena, indiferente. Me fui de allí con la placida certeza de que la cuadratura del circulo había cambiado su trazado y desperté escuchando una voz algo más grave, mas sabia y por cierto no menos propia que me decía al oído: Esto también pasará.

miércoles, junio 13, 2007

El conductor


Junio desperezaba sus primeros años en la infancia de una era de comunicaciones satelitales, mensajes de texto y ordenadores personales inalámbricos y ella como un autoretrato de Van Gogh permanecía tatuada al espejo retrovisor.
Por alguna razón Lilian había extraviado su agenda. Tomó un taxi tratando de rastrear los lugares por donde el día anterior, antes de internar a su madre, podría haberla olvidado distraídamente. Trato de trazar una ruta mental y le indicó al conductor el recorrido.
Una pared blanca de fría niebla se filtraba entre los edificios y los autos y la gente; entre el conductor y Lilian sentada en el asiento trasero del taxi.
La niebla congelaba las palabras y hacia los silencios lentos y pesados como el transito por una ciudad cargada de urgencias. Buenos Aires no duerme (anunciaban los carteles) mientras un nuevo jefe de gobierno de la ciudad porteña descansaba su ambición intacta en un sueño de ballottage; en tanto, el ciudadano común se enfrascaba en decidir a quien daría su voto para abandonar la casa del Gran Hermano.
Lilian viajaba a la velocidad del pensamiento en reversa tratando de detener el tiempo, para que el cielo no termine de desplomarse sobre las calles como una nube desterrada. Para que el invierno no la alcance y la congele por dentro como a un sol de hielo.
Pensó en su madre, donde dejo a su madre, donde dejo su agenda, donde su madre dejo de agendar su vida, donde se desmadraron las órdenes, donde la vida perdió su orden natural para extraviarse entre la espesa niebla. La vida como una vía ancha de sentido único y obligatorio no admite reversa, otras generaciones apuran por abrirse paso y la vejez es un obstáculo para asimilar los cambios. Ahí está otra vez la niebla como un empacho intestinal tapando las arterias, las salidas, los caminos que se bifurcan…ahora suena otra vez el telefonito celular y Lilian atiende con voz aliviada, el hilo conductor de sentido único hace inevitable la escucha del taxista, el espejo retrovisor recobra la armonía de un rostro que había perdido nitidez en el camino.
Ambos se detuvieron ante un semáforo en rojo. Ambos mirando fijamente un reloj de la esquina en la calle Honduras detenido a las siete y veintiocho. Ambos sabían que el tiempo había trascendido la marcha de las agujas del reloj.
Como un camino de cuentos sembrado de migas de cereal desperdigadas, Lilian trazaba el camino inverso en un laberinto donde las pérdidas hacían blanco en el centro de su espina dorsal.
Otra vez el celular, decía, y ahora la sonrisa resucitaba en el espejo. Ahora era un breve mensaje en monosílabos y apócopes de texto. Un telegráfico mensaje de símbolos más cercanos a un code Morse que a una esquela epistolar; un cambio de ruta, hacia un encuentro, un conductor de emociones que generaba carga, que producía una energía igual pero contraria a la anterior. Se abrió la niebla, no la que hacía la ciudad más lenta sino la que mágicamente direccionaba sus perdidas en ese encuentro que la alejaba hasta de la misma muerte.

miércoles, mayo 16, 2007

Crónica de un asesinato sin remedio casero



“Locura es la Magia es probar a volcar lo que hay en el fondo de ti Magia es verte sonreír... Magia es probar a saltar sin mirar Es caer y volver a empezar. ...”

Rosana Arbelo



Ellos habitaban mundos que matemáticamente debían colisionar, hay encuentros inevitables entre quienes buscan escapar de su sombra corriendo hacia delante.
La conoció tarde para salvarla, siempre tubo delirios de héroe, un redentor inmune a la Kriptonita, aunque el tratara de negarlo, ambos supieron llamarse la atención.

Nantes estaba más cerca de la misoginia que del onanismo, pero al menos ella le había dedicado unas líneas, ya retirada no hacia otra cosa que escribir; le dedico un epitafio
Que mandó a grabar sobre un trozo de carrara.

Se encontraron, no hay distancias insalvables, se mordieron los labios, se sangraron las bocas, se revolcaron hambrientos en un barro de metáforas, no siempre se habla con palabras, hasta que se hizo silencio, descubrieron que los dos estaban muertos, se habían matado mutuamente. Se mataron de desamor, de pena de si mismos, se mataron de empeño por matarse.

A los catorce años imbuida por una amiga cinco años mayor, Mirna huyo de su casa paterna y de las constantes hostilidades que su padre descargaba sobre su madre y comenzó a trabajar en ”El Mula Bandha”, un burdel cinco estrellas con fachada de resto and drinks.

Nantes hacia años que había logrado sepultar su recuerdo encubriéndolo en una lastimera metáfora tan hermana a una odiosa comparación, solo que así, tirando esperma en sábanas de alquiler podía negar el como para sustituirlo por una irrealidad, por un cuerpo despojado de alma, por una ficción, una representación barata de la verdad asimilada al bulto de su billetera.
Había aprendido a proteger a Psique encadenando a Eros a la pata de la cama y a conformarse con un tablas en la partida dada por perdida.
Para Nantes coger era sustituir la palabra amor en la metáfora, era el atajo y la coartada.
Era el placer de no arriesgarse a soñar.
Así evadía su destino de gusano. Sin involucrarse. La vida eterna era para Nantes un accidente previsible si lograba chantajear al abandono.

Una cortina de humo separaba los reservados del canto-bar Holliwoodense donde se conocieron, un grupo cosmopolita de adolescentes bien entrenadas oficiaban de anfitrionas frente a las visitas de acaudalados empresarios que asistían solos o con sus amantes, ávidos de incursionar en elaboradas prácticas hindúes y budistas, especialmente en el culto de la energía femenina.
En estas prácticas de yoga a veces extremas y en la exaltación del mundo como medio para alcanzar la iluminación se incursionaba en una deformación del Kundalini que daba palabra de hacer y acontecer en las más elaboradas técnicas de retención del semen permitiendo que los hombres tengan múltiples orgasmos, así como que las mujeres experimenten nuevas dimensiones de la sexualidad.

Mirna era considerada como una extremista que odiaba a los hombres, con tendencias lesbianas y frígidas como es el caso del estereotipo sexista, esta tendencia hacia suponer que ella podía organizarse sola, sin hombres en su vida, pues su lucha interior y subconsciente estaba dirigida, tenia por blanco el patriarcado. Ella nunca lo supo, pero detrás de su adoración paterna latía una pulsión tanática hacia su padre.

Ella murió durmiendo con su orgullo perfumado con rencor devaluado; se estrangulo con la baba de un despecho atado al cielo raso de la duda. Por no poder exterminar a quien quería desamarró su poder sobre un bestiario acorralado y dispuesto a eyacular una sonrisa.

El sabía que la traición vale solo treinta monedas y que no hay cruz más penosa que la de vivir en la cobardía feroz de saberse vulnerable.
Toda palabra ofrece dos aspectos: uno es el sonido gutural del aire silbando entre los labios, otro es el significado, y este aspecto tiene carácter eminentemente espiritual.
No sangrarían sus labios mientras no pronunciara el “verbo”.

Ambos se encontraron, era matemáticamente previsible. El tubo miedo a enamorarse otra vez, ella a que el amor la manipule.
Solo queda de este encuentro el filoso puñal del silencio sangrando finales sin principios.
En el Hospital psiquiátrico "Dr. Miguel Vallebueno", en la ciudad de Durango, Estado de Durango, dos pacientes son llevados del pabellón para enajenados mentales al recinto de la morgue.

miércoles, abril 25, 2007

La curva

por Juan de los Palotes

..."Dame una curva en la cuenta regresiva,
una mentira tierna que me obligue ahora,
antes que el marco de la puerta tiemble,
dame, si prefieres un beso póstumo en mi cuero caliente
antes que sea tarde.
Silencio mentiroso:
has un ruido parecido a una voz humana
que tenga olor de amor,
Que si logras engañarme puede
que aquí me quede..."








Tubo sobradas razones para bajar pero eligió seguir, nunca entenderé por que postergó su decisión. En los últimos días solía abrir la puerta de su casa en bombacha y corpiño para escándalo de sus visitantes. Mostrar su cuerpo la divertía, porque después de tantas anfetaminas se había convertido en una mujer delgada, aunque cercana a la locura.

Elegía sentarse siempre junto a la ventanilla, el paisaje agitado de los árboles vertiginosamente quietos la hacía sonreír.
Cualquier lugar era suficiente para escribir mientras pudiera sostener un trozo de papel apoyado en firme. Los versos caían esa tarde como un aguacero, después de todo siempre el desamor y la tristeza fueron su estímulo inseparable. Cerró la puerta ( pongamos que su nombre es Isolda) y sobre la mesa junto al plato de leche de su gata un borrador chorreado de tinta fresca sacudía el silencio:

Donne-moi une courbe en compte régressif,/ un tendre mensonge qui m'oblige maintenant, avant que le cadre de la porte tremblez,/ donne-moi, si tu préfères un baiser posthume dans ma peau(cuir) chaude avant qu'il est tard,/ un silence menteur : il y as un bruit pareil à une voix humaine qui a l'odeur de l'amour,/ Qui si tu réussis à me tromper est possible qu'ici je reste.


Ahora el tren está detenido, el músico ambulante sigue haciendo gemir en su violín una chacarerata santiagueña, mientras un chiquilín que lo acompaña pasa la gorra, pero afuera el horror alimenta a los curiosos, el cuerpo mutilado con precisión de cirugía de una mujer esta enredado entre los hierros de la máquina.

No es la primera victima que cobra la curva ni la última sentencio el guarda mientras se secaba la frente con un pañuelo overo y lo guardaba desprolijamente en el bolsillo trasero de su pantalón ( pongamos que su nombre es Tristan)
Historias como estas abundan dijo insistiendo en lograr respuesta de su interlocutora que ahora se disponía a abrir un libro en la pagina señalada, no por que pudiera concentrarse en la lectura, sino para sacarse de encima la grotesca figura de este hombre que insistía en su monólogo.

Junto al murmullo de los pasajeros que abandonaban el tren se alejaba también el músico callejero discutiendo dividendos con su pequeño manager.
El vagón quedó vacío, sola ella y el guarda.
Creo que hace falta estar muy loco para tirarse a las vías del tren, continuó el guarda, y esta si lo estaba, otros más cobardes no se animan a tanto, prefieren seguir adelante con su absurda vida a espera de que la vejes se encargue de matarlos en forma natural. Y no digo que los cobardes sean más cuerdos (por seguir la idea esa valentía absurda que mueve a los locos tan parientes de Tánatos es la misma que anima a los héroes: un colchón de laureles donde dormir la eternidad…la fama…todos mas o menos locos! )Sea como sea ha de ser muy desdichado quien se anime y además tener una dosis de vocación.
Pero también están los que hacen público el anuncio de su muerte para llamar la atención, esos no quieren morir, por el momento están muertos y buscan desesperadamente que alguien los socorra con un milagro de resurrección, la gente esta muy loca , insistió, loca de soledad, de amor, de desamor, de traición, de desesperanza, loca de empeño, de vanidad, de terquedad, de frustración, angustiosamente loca…

Isolda se limito a escucharlo sin pronunciar palabra, inmóvil, con la vista turbia y clavada en la misma pagina del libro que empezaba a humedecerse con dos silenciosas lágrimas.
La maquina se movió en contramarcha con un sacudón que estremeció a Isolda, efectivos de los bomberos junto a la policía y personal del ferrocarril bregaban por quitar de las vías los restos del cuerpo arrollado.
Las palabras de aquel hombre retumbaban en la cabeza de Isolda como un soplo grave en la piedra horadada por el viento.
Quien era él para llamar a la locura por su nombre, para ofender con desidia a la rebelión de los sensatos contra la marginación la frustración y el abandono, para tratar de enfermos mentales a quienes eligen morir de amor o por amor renunciar a una vida absurda, para ofender a aquellos que solo saben de estar solos aún en compañía
Pensó en su gata, ya debía de extrañarla, este paseo se estaba extendiendo demasiado, el sol que ya parecía ocultarse detrás de los árboles ahora repetía su ascenso con renovado ímpetu.
A cada estación de otoño le seguía una primavera, la curva se había cerrado, un silbato agudo anuncio la partida.

Un efectivo de la policía iluminó el vagón con su linterna, se aseguro que nadie quedara dentro del tren, solo la presencia de una gata que lamía la página húmeda de un libro lo sorprendió al saltar por la ventanilla. Parado en el estribo agitó su brazo y señaló al maquinista que ya podían seguir.
Él la invito a bajar, ella miró el cuello de Tristan y su roja cicatriz atada a su garganta como una cuerda y con vos redentora le dijo, no gracias, aquí me quedo.

viernes, abril 20, 2007

De lo último lo mejor



En esta entrada encontraran un párrafo de Débora Hadaza Garcia Díaz
(Morelia, Michoacán México) que merece por su mágica y colorida pluma esta mención especial.
A todos, amigos, amigas, deceo que disfruten de su encanto.

Con ustedes desde Notas sobre un sol de hielo:

EL ANGEL DE LA MUERTE


Por Débora Hadaza García Días

Cerámica bella, tierna, profundamente fúnebre. La compró.

Hace tiempo que encontró en este hobbie algo más que una manera de matar el ocio o la tensión, En sus manos el ángel comprado comenzó a tener vida, vida de ternura propia, ternura funesta, ternura de bebé muerto. ¡Qué delicia poder hacer que algo tenga vida! En el hospital, atendiendo enfermos, sonriendo día tras día a la muerte, siendo el único ángel real para los muchos abandonados a punto de morirse, Angélica agoniza porque ve que todo lo que toca se convierte en polvo, en futuro alimento de gusanos; mientras en su taller este frío ángel, en sus manos se vuelve de oro.

Recordar, ver claramente hacia atrás, eso le provoca el frío del yeso en su piel. Él, ya no está con ella, ya no más. Está más allá de sus fronteras. Él está junto a la mujer que le dio un hijo, viendo crecer todos los días el fruto de su deseo, porque en realidad, ella lo sabe, no es el fruto de su amor. El amor estaba con ella, con ella que lo confortó todas noches de guardía en el hospital, que le dio ánimos cuando la esposa solo tenía reclamos, qué disfruto mas que él mismo sus triunfos, que nunca le dio la espalda aún en la miseria, pero que también vio como se alejaba con su esposa embarazada y la cara sonriente, dándole palmaditas en la espalda a todas las enfermeras que aleteaban angelicalmente.

Qué raro, el amor casi siempre se funde con la muerte. Al cepillar al ángel de dorado lo vio tan real que deseó, casi rogó, que fuese el ángel vengador, aquel ángel que mata a los primogénitos, el ángel que libera de dolores a los justos, que les rompe las cadenas los esclavos sin esperanza, a los que sí aman, a los que lloran, el ángel que lleva en sus brazos los bebés muertos, a los bebés que nacieron sin amor.

Una idea lleva a otra y en fracción de segundos, se ve dulce, casi angelical, regalando su ángel perfecto a la pobre madre que perdió al hombre de su vida al perder a su bebé. “Pobrecita hasta dan ganas de abrazarla” Qué bella escena de cruel ironía. Que bella escena de deseada venganza. “¡Ojalá se apareciera mi ángel de la muerte¡”

Pero no, no sucede. Dios no cumple semejante deseo. Por lo menos así piensa ella, torturándose con el horrible y gozoso pensamiento, se siente culpable mientras lo acaricia, los ojos penitentes vueltos hacia el cielo, y la boca sonriente como en un conjuro.

Pasan los años y el inerte rostro del ángel parece sonreír; ya fría la furia con un amor bien logrado, ya olvidado el rencor con nuevos brazos; el ángel relegado, el ángel sucedido por otras tantas figuras de yeso, vuelve a sonreír.

Ella está embarazada, ella siente cómo crece dentro de su vientre la vida; ella ama las patadas, las náuseas, el doloroso placer casi agónico de cargar la vida. Ella es amada, el fruto de su vientre es amado, es causa del amor, es objeto del deseo; pasa las noches soñando; imagina el cuerpecito y sonríe, quisiera entrar en su matriz, y besar por entero a su hijo, anhela el día de tenerlo entre sus brazos. Desesperación de esperanza, cuenta los días del final feliz, Falta un mes, falta un mes, ¡falta un mes¡

De repente el corazón le late más aprisa, su cuerpo ardiente se convulsiona, un dolor horrible, un dolor profundo que nace en el centro de su vientre, la hace caer en mitad de la acera. "Eres muy débil, no debes embarazarte". Voz de medico estúpido, voz que le retumba en los oídos, voz que ignoró y hoy vuelve a oír; es muy débil, su matriz no soporta, da a luz un hijo, un hijo que muere al nacer.

Pasan días, días de lucha para que sobreviva, días de desfile de ángeles, de ángeles con estetoscopios, y sueros, y agujas, días de olor a cloro en la sepulcral limpieza del hospital. Escucha aletear los ángeles, los oye murmurar, entre sueños, en el limbo, en las nubes pesadas y acuosas que la inundan de angustia, que la sumergen en la blancura de la demencia, escucha reír angelitos, angelitos crueles, angelitos que le muerden los pies, angelitos que le enseñan la lengua, brincando de una nube a otra, de un sueño a otro, sueños difusos y nublados, celestes y albos, espantosos y pacíficos como la muerte, como la ausencia. Después de semanas por fin esta a salvo, sale del hospital caminando por si misma, con la cara pálida y los brazos vacíos.

Entrar a la casa. No, al cuarto del bebé no; la previsión de su esposo y su madre es inútil, no va al cuarto del niño, convaleciente se encamina allí, allí donde están inertes sus creaciones, allí donde desfoga sus sueños y locuras, allí donde viven fríos sus hijos de yeso, si allí donde esta su ángel magnífico cargando a un niño.

Lo mira y viceralmente lo arroja al suelo. Angelica se estremece al escuchar risas, y ver que obviamente la ceramica esta rota. Risas, risas, más risas, risas que duelen, risas que espantan más que si fueran gritos... Risas y susurros, siseos de mil serpientes, maldiciones dichas al oído. Angelica busca, desesperadamente busca el origen de esos ruídos, su alma grita de pánico "angel ¿donde estás, desde donde me atormentas, por qué?" Es sólo su alma la que grita sin voz, sin embargo en el taller tiene eco el silencio, se tapa los oídos y si sigue buscando, se tapa los oídos pero los sonidos no cesan.




¿Quién hace esos ruídos de serpientes, quién maldice, quién se rie, quién se burla? Pregunta y pregunta buscando en la bruma que lleno el taller, en esa bruma de azufre que la asfixia, pregunta hasta que un espejo la hace conocer la fuente de sus tormentos. Levanta la cara y el único rostro que ríe es el suyo.




Un grito de mil voces locas, y vidrios cayendo es lo último que escucharon su madre y marido. Un nube espesa de azufre, les impidio ver el rastro de sangre que dejo el ángel cayendo. Algunos dicen que han visto caminar Angelica en algunas mañanas nubladas, con el rostro cortado, y una sonrisa que espanta, otros dicen que si escuchas mil serpientes a la altura de los hombros, y percibes un olor de azufre que te nubla la vista, no tardarás en verla, caminando siempre, y maldiciendo por la eternidad.

sábado, marzo 03, 2007

Desde el precipicio.


por Juan de los Palotes.


Si libre nunca nada, repitió en voz alta. Doce pisos arriba luneció en su fluir estéril sobre aquel edificio, sobre su cresta empapada de ropa secándose como cometas con grilletes.
Y se marchó humillado el día a su albergue de solterón sin remedio carpido por la luna indiferente.
Sobre la cornisa una silueta en sombras asomó su perfil dubitativo, caminó la rayuela de su adrenalina, la ausencia, la pobreza, el desamor, el duelo de sus utopías. Caminó hacia atrás. Vendó sus ojos con el trapo blanco de la credulidad, remendó sus cicatrices con un hilo de silencio. Sus oídos callaron el estrépito del tránsito doce pisos abajo.
Solo se dejó llevar por el instinto de su olfato, reconoció el aroma que sahumaba hacia la eternidad azul del firmamento un vaho a sopa intensa, bullendo a borbotones mansos.
Desde allí soltó la mochila que cargaba en sus lomos en caída libre.
Quería sentir la sensación de volar y así lo hizo.
Dejó que escape el pájaro de su jaula.

jueves, marzo 01, 2007

Yuxtaposición




Recuerdo, como si las agujas del reloj giraran a la izquierda, como si recordar fuera la madre de imaginados momentos, deseados, soñados momentos que aun no nacieron, aquella madrugada calurosa en que irrumpí en su casa a las 2:… sin otro equipaje que unas galletas para el mate. Fue el día más caluroso de ese verano. 2006 años eran desde que nació esta era y le pusieron Cristiana por título, tal vez, hace décadas dejó de serlo y nadie, ni hereje ni converso se ocupó de cambiarle la etiqueta.
Nos sentamos en su jardín que en perspectiva no daba la real medida de su dimensión, tal vez por sus medianeras que tapizadas de verde daban al aire aroma de horizonte.
Éramos ella y yo, mate por medio elucubrando sobre la gestación de un cuento por título “El jardín de los senderos que se bifurcan”, que si su autor, bibliotecario, inspiró sus letras en el ámbito de su cotidiano quehacer. El sol arto naranja nos despertó de aquella trabada discusión sobre si la médula de la metáfora era poner el cuento en un plano superior de entendimiento o si su críptica narración no tenía otro asidero que el de una laberíntica y enigmática adivinanza.
Las horas habían pasado sin pausa, siempre hacia la derecha, si se me permite este pecado, éramos, sin darnos cuenta, ambos, un poco menos jóvenes, un poco menos pobres un poco mas libres.
Ella pudo decir lo mucho que le disgustaba Borges y yo escucharla sin que me enoje su apreciación.
Hoy en otro presente, se que ellos, ambos tenían razón, que el Borges bibliotecario y el poeta metafísico coexistían en aquel cuento en yuxtaposición. Como en el jardín de los senderos, ambos estaban alineados en su microcosmos. Laberinto y Novela eran un solo objeto y solo un objeto. Lo trascendente, lo real, lo importante era que estaban juntos, en ese mismo espacio, en ese mismo tiempo. Al unísono.

domingo, febrero 11, 2007

El sobreviviente


por Juan de los Palotes

Exigirme describir a cada uno de ellos no será sino a través de la imprecisa y dudosa
imagen que aún conservo de aquel suceso , por cierto, no menos cargado de crueldad que otros hechos posteriores al destierro, al alumbramiento.
Los años sesenta aún no cantaban sus victorias de Twist y gritos, la revolución juvenil,
el contexto de la Guerra Fría , la guerra de Vietnam, el Mayo Francés, la primavera de Praga, la guerra de los 7 días, los conflictivos y violentos procesos de liberación, la contracultura juvenil, los movimientos pacifistas y los procesos de cambios y transformaciones en distintos órdenes que serían marco y circunstancias para éste mediocre narrador que trata hoy de ilustrar ésta legitima historia y la suerte de sus personajes.
Era Abril de1959, días más , días menos, cuando salimos lanzados de nuestro ubicuo y testicular hábitat por una indefinible y compleja reacción química, proyectados, excluidos, eyaculados.
De todos lo que éramos en un principio solo recuerdo algunos rasgos de quienes quizás por más competitivos se acercaron casi lo suficiente para llegar, solo que el casi, siempre denota con su adverbial naturaleza esa fastidiosa desaprobación de lo inconcluso, de lo pendiente, de lo irresuelto. Nadie quiere ir a la zaga, la lidia es Darwiniana y despiadada.Todos ellos con sueños tal vez utópicos y una misión a realizar, con vocaciones diversas y capacidades magníficas perecieron en el fallido intento, : El médico sabio ,el ecologista conservador y pasifista, el Chamán intuitivo, el científico innovador, el artesano, el maestro de escuela, el padre ejemplar, el guerrillero soñador y loco, el loco, el cuerdo, el idólatra, la magia, el ateo, la sonrisa.
De aquel proyecto en puñado de hombres y mujeres únicos, irrepetibles, solo éste que soy, pudo sobrevivir. Sin oficio mejor ni mayor empeño que contar historias, en fin, sin exagerar, un premio, la vida, inmerecido.
Solo me queda el consuelo de ejercerles memoria y éste descargo en mi defensa: Alguien tenía que sobrevivir para contarlo.
Pero es justo decir que necesite poder golpear mucho más, vigorosamente, nadando por el tracto vaginal fui un mero espectador de su desdichada suerte, tal vez el más afortunado, agraciado por la velocidad que dan los flujos en la deriva a un espermatozoide que rema a ciegas y sin conciencia de su rumbo.

jueves, julio 20, 2006

De morales y culpas




La primera noche que entré al aula sentí que el material
humano que se me daba era distinto al de los niños con los que estaba acostumbrado a trabajar.
Me encontraba ese año cubriendo una suplencia en la escuela técnica nº 1 mejor conocida como el Chaparral por las chapas de su precaria construcción, un establecimiento nocturno donde asisten muchachos que se forjan doblando su esfuerzo diurno obligándose a superarse a si mismos a fuerza de una voluntad sólida; obreros de la construcción, changadores del abasto, trabajadores del puerto eran algunas de las tantas humildes ocupaciones de este enjambre de hombres que haciendo un ultimo esfuerzo en el diario asomarse a la vida para llegar jirones de sobrevivientes a ese aula, colmena de las mieles del
conocimiento, en que debían esperar que yo los iluminara con mi erudición …
Hombres robustos todos que haciendo un guiño a la fatiga
apeaban su mochila de herramientas para trocarla por el
mágico, sumiso y templado contenido de un libro hacedor de patria, fabricante de la promesa franca de una vida menos sudada y más humana, una ilusión de amor y una sonrisa.
Esa noche, mirando cada uno de esos rostros y sus manos supe cuanto iba a aprender de ellos en el curso de ese año a compartir; y si “el carácter de un hombre es el hacedor de su destino”; ellos con su voluntad estaban cambiando la historia, su propia historia y la mía.
Todo ese grupo humano se daba cita ahí, en esas aulas del “chapa” cuando las luces de los talleres se apagaban y
tímidamente se encendían noctámbulas luciérnagas ávidas de iluminar sus intelectos.
Esa noche entré al aula seguro de mi oficio de maestro de
lengua pero con toda la carga emocional de evitar traicionarlos, de traicionar a toda esa fronda con estatura de bosques: ellos eran mis alumnos.
A poco de un preámbulo de presentación de mi persona y del alcance de la asignatura que me proponía dictarles irrumpió en el aula un hombre alto y delgado como una vara de junco, de huesudos rasgos, frente ancha, cano, ojos juntos y cejas pobladas e hirsutas y un aseo temprano que le daba a la cita aunque tardía, el carácter vertido de la puridad de un bautismo.
Se adentró un paso en el salón y se anunció con un permiso,Nemesio Morales, se alcanzó a oírle decir tímidamente y un gracias-disculpe cerro su presentación.
Se sentó en un banco de la última fila contra la pared y sentí sus ojos escudriñarme durante toda la clase, aun cuando voltee para escribir en la pizarra sentí la presencia de su mirada sobre mi hombro.
Al terminar la clase se me acercó saliendo por el pasillo y me manifestó su necesidad de contarme algunos aspectos de su vida buscando un desahogo o quizás una aprobación que exhortara su decisión de vivir.
Nemesio Morales era un hombre realmente bueno, no por que careciera de astucia ni malicia, sino, por que sencillamente elegía no ejercer la maldad que había en él.
A decir verdad la historia de vida de Nemesio resulta más
atractiva por su cualidad de hombre justo que por los ribetes de
una vida desdichada, es que tan difícil es ser justo, imparcial, objetivo, que la virtud por escasa termina siendo un favor divino cuando en verdad debería ser tan solo condición de la naturaleza humana.
Morales fue creciendo en las carencias sin remedio que la
orfandad otorga a quien falto de padres y de patria va
sobreviviendo el día a día entre la magia y el milagro, sin libros y sin aulas, si sacramentos ni liturgias, en la humildad de un alma sin otro bagaje filosófico que el que otorga la escuela de la calle.
Conoció la vigilia impiadosa del ayuno y los dominios
enmelados del que sueña despierto. Aprendió que hay un punto en que el dolor se rinde cuando las manos se afiebran de cargar ladrillos. Supo del recuerdo cobarde y huidizo que se esconde tras las sombras del olvido cuando ser memorioso significa atizar un fuego de venganzas.
Que a problemas extremos solo caben soluciones extremas por que emparchar no sirve cuando el parche es mayor que el paño.
Aprendió que lo importante no es llegar si no el camino y que el amor, siempre el amor, nos corre la valla y la llegada para alcanzar otra meta aun más lejana sin que nos demos cuenta.
Entendía que no siempre el más instruido o educado podía
también llegar a ser mejor persona y que el carácter, es decir, la voluntad podía modificar el destino de un hombre aún en las peores circunstancias.
Que el hombre debe luchar por renunciar a los vicios que lo
atan a la dependencia y que el esclavo lo es primero de si
mismo. Que pagar libera al hombre y lo hace digno y
pedir encadena al precio del favor y de la usura… y el trabajo, aunque pese, da la medida del hombre y su valía. Que no siempre te respetan si respetas y que el respeto es un bien que hay que ganarse y que después, solo después, se aprende a disfrutar la absurda dicha de levantarse cada día para cargar tu piedra.
Estas eran sus máximas sus mandamientos Y su ley,
lamentaba que aulas y letras le hayan sido esquivas, no tener el don de la palabra para haber educado a su hijo en ellas y haberlo hecho tan solo en el ejemplo.
Todo esto me dijo en sus palabras chiquitas, en la simpleza concisa y sucinta de su lenguaje premioso asimilado del acto de instruirse sin auxilio, en la cotidiana observación de su conducta, pero su ejemplo no fue suficiente me decía. Ahora me pedía que lo absuelva o lo condene como si viera en mi persona al mítico símbolo de la sabiduría amalgamada a la justicia, hurgué sus ojos buscando una traza de cordura y encontré el brillo húmedo de la angustia, de la perdida, del fracaso y la frustración.
Podía haberlo evitado, me dijo, pero un padre es responsable de
los actos de sus hijos y no se puede encubrir el crimen ni
ocultar la vergüenza del hecho consumado. Pensé en entregarlo
a la justicia,balbució, le pedí la verdad cuando ya todos sabían que él la había robado, violado y asesinado… pero me mintió.

Pensó en entregarlo a la justicia, para que pague su culpa a costa de pudrirse en la cárcel pero ese destino no era el de esperar para su propio hijo, ni podía asumir para si mismo el rol de entregador, lo vio en un penal enriqueciendo su potencialidad criminal , refinando su demencial desprecio por la vida, o seguramente muerto en manos de otro reo. No, no era esa la muerte esperada para un hijo de la sangre de su sangre, un torrente de especulaciones y sentimientos encontrados se arremolinaron en su mente, el propio desprecio de haber engendrado una bestia de su calaña se mezclaba con su natural necesidad de protegerlo

Ahí entendió que no supo enseñarle, que no supo hablar, que no supo trasmitir lo que la vida le enseñó a precio de sufrir.
Yo le pregunto maestro, me dijo, merece un padre vivir
después de lo que ha hecho, quiero saber si usted, usted… ¿Que es lo que haría?


Nemesio Morales, nacionalizado Argentino, se entregó finalmente a la justicia después
de un intento fallido de suicidio el 25 de Marzo de 1993 con treinta y nueve años de edad y
purga una condena por el homicidio de su hijo hasta Junio de 2011.

El 20 de Diciembre de 2003 se recibió de Abogado dentro del penal.


Juan de los Palotes.

martes, julio 18, 2006

El hombre Nuevo


El hombre Nuevo

El hombre encendió un habano, el ultimo, se dijo, sabiendo que ni un milagro (si creyera en ellos más que en la férrea determinación de la voluntad del ser) podría sacarlo vivo de esa celda. Lejos estaba enterrado el Ciro Redondo, el M26 y la caída de Batista y más lejos aun Judas Iscariote, Poncio Pilatos y Sigmoun Freud analizando la psique de los utópicos incurables.
Lejos Santa Clara y la entrada triunfal.
Hoy estaba más cerca del Gólgota que de la Habana. El monte lo había traicionado. Estos no eran tiempos de crucifixiones; otro soldado Longino encarnaría a su verdugo
y otra esponja embebida en vinagre adquiriría sendas connotaciones metafóricas .
Un vaho de tabaco anestesió un grito en sus labios : No hay municiones suficientes para acribillar un ideal .Larga es la noche de la espera del que sabe morirá al amanecer. L a suya era la espera blanda de quien se sabe en paz con su entrega.
Atrás de su larga bocanada de humo se dibujaron rostros de otros soldados sonrientes y satisfechos, con el rictus de los que entienden que la felicidad consiste en la tarea cumplida.
Un gesto de sus manos lo alentaba a ir con ellos; eran, entre otros: Espartaco, Toussaint L'Ouverture, Rosa Luxemburgo, Ho Chi Ming, Tupac Amaru, Simón Bolivar, José Martí,
Antonio Gramsci, José Mariategui, Lumumba, , Camilo Torres Restrepo,Augusto Sandino, Salvador Allende, San Martín… y un hombre nuevo sin rostro y sin nombre. Todo mito reencarna inexorablemente en otro mito; pudo ser médico, sanador, chamán, gurú, o curandero. Eligió ser : Guerrillero.

Juande.

domingo, julio 09, 2006

Pecados de Capital


Freud dice que lo que vivimos en la infancia tratamos de revivirlo inconcientemente en nuestra vida adulta, la historia vuelve a repetirse…
Hay personajes y episodios de la infancia que cada tanto reflotan a la superficie de la memoria por distintos motivos, a veces una noticia del diario, otras una imagen que nos hace pensar : … ya estuve ahí, pero los velorios son el punto de encuentro de los personajes mas insospechados.
Hace poco estuve en el de un amigo de un amigo que editaba sus artículos en la misma editorial que yo y hablando de finados y de infancias con el Nene, trató de hacerme acordar del Alfredo Yaveran, un acaudalado empresario que se había volado la sabiola
de un escopetazo, después de hacer efectiva la venta de un grupo de empresas de su propiedad por mas de mil millones de dólares. Una muerte fatal e inesperada teniendo en cuenta lo poderoso que había llegado a ser, más bien diríamos, una muerte dudosa.
Murió solo, en el baño de una de sus estancias, el Nene trataba de hacerme recordar….
Y me fui metiendo en el recuerdo como si lo viviera, como si pasado y presente se confundieran en la nitidez borrosa de un rayo de sol que entra por la puerta revelado por la tierra que flota en el aire…
Yo vengo de una infancia en que la vaca no era una etiqueta, el lechero estacionaba la vaca en la puerta de tu casa y la leche tenia nata; los pollos tenían plumas y caminaban afuera de las góndolas del súper y “súper” era Clark Kent y no la vasta estupidez de un shopping .
Yo supe que en invierno la zanja de las calles se cubría de escarcha y en verano en esa misma zanja podías pescar ranas y anguilas con un palo y un hilo atado a la punta. Las zanjas servían para tener agua sucia pero también para que te caigas adentro con la bici, o que el carro del panadero se encaje las ruedas y con mi amigo aprovechemos para sacarle las facturas.
Yo vengo de una infancia en que el potrero era una cancha de fútbol y la vejiga de una oveja una pelota, donde dos piedras o dos pilas de ropa de abrigo eran arcos y el arco iris era algo que salía cuando se casaba una viuda.
Y nos trepábamos a las moras en las siestas para llenarse bocas de pulpa y lenguas sucias
Y se tomaba sopa con verdurita picada a cuchillo y hervida con un pedazo de hueso de osobuco…
Si, yo vengo de una infancia extraña, en donde la bolsa de bolitas era cosa de hijo de ricos o de campeones. Una tarde me acuerdo, el Alfredo nos pelo a todos , tenia una puntera japonesa que era hoyo y quema, nos peló, se quedó con todo, nadie tenía ya ni una, ni una miserable bolita para pedir revancha, nos mirábamos las caras en el baldío y lo mirábamos a él de rabo de ojo pavonearse con la bolsa llena y mirando a tras luz la “japonesa” como si fuera un calidoscopio y no te miento, queríamos agarrarlo entre todos y arrebatárselas, pero así era mejor , nosotros fingíamos que igual nos divertíamos y el fingía que era mejor seguir con su actitud solitaria y avara de tener todo lo de todos aunque se hubiera quedado sin poder jugar ni a solas, ( por que a las bolitas no se puede jugar solo) y nosotros aunque empobrecidos y diezmados : juntos!
El Alfredo parecía un campeón subido al podio del abandono y nosotros la masa proletaria saqueada por el más depredador de los capitalismos.
Así lo tuvimos todo el verano, sin darle bola, lo matábamos con la indiferencia y él enrostraba su tesoro, su botín, que hasta paresia una bolsa llena de monedas de oro como esas de las películas de piratas con cordón para cerrar la boca y todo, pero claro, de devolvernos lo perdido ni hablar, ni devaluando…
Una tarde se largó a llover y el baldío se nos achicó, buscamos refugio adentro del Rastrojero abandonado que respiraba herrumbres y nos quedamos ahí hasta que amainó.
Los ojos del Nene se congelaron, me asustó la mirada testigo de, quien sabe que hada o que demonio, estiró el índice y nos dijo a todos y a cada uno en particular: Mirá ¡!
La luz entraba por el agujero del parabrisas roto e iluminaba como un incendio un bolón de acero del rulemán de la rueda que fuera de pista se había quedado pegado en la grasa sucia de la campana.
Todos nos miramos y nos entendimos. Nuestras penurias se habían terminado, el sol refulgía entre los nubarrones de la tormenta , salió el arco iris y como si la misma musa nos hubiera soplado al oído, sin hablar nos entendimos los cinco.
Pusimos manos a la obra y desarmamos las tres ruedas que quedaban del Rastrojero, sacamos cuanto bolón pudimos y nos fuimos a la casa del Polaco a devolverle las herramientas. El Ale salió corriendo como un espantado, al rato volvió con una bolsa de pana que le sacó a la abuela de la cómoda, con cordón y todo, como la del capitalista.
El fondo de la bolsa lo llenamos con piedritas de canto rodado y arriba pusimos la media docena de bolones lustrosos, brillantes, …y calentitos, recién sacados de la fragua del polaco, salimos de raje para el baldío y con sol. El rey sin trono ( por que para revalidar un título hay que defenderlo , y si no tenés rival es como no tener título), digo, Alfredo Yaveran , estaba ahí como dándole lástima a la lástima y el Nene se le fue al humo, le pasó por al lado y dejo caer unos bolones al piso delante de él. La tentación lo pudo al avaro, como un reflejo se agacho a juntarlos, cuidado que pesan ! ( le advirtió el Nene), Tarde, ya se había quemado los dedos. El gringo no sabía si llorar de risa o aplaudir mientras el Alfredo se soplaba los dedos, se los metía debajo de la axila, se fregaba en los pelos del marote, y nosotros nos descostillábamos de risa…
Al otro día apareció con los dedos vendados ( quemadura de segundo grado) y olor a crema de esa que te ponían para que no se te infeste. Y justo la derecha…
El Nene se le acercó despacito, como provocándolo, con esa mano así no le podes jugar ni a mi hermanito (le dijo por lo bajo). Tengo la otra, (contestó relojeando como el Nene hacia “di nenti” con los bolones lustrosos)…Te juego toda la bolsa ¡ lo apuró el Alfredo, ja, ( había entrado como un caballo)….
El gringo arbitró el partido y custodiaba las bolsas, la del Alfredo y la del Nene ( llena de piedras de canto rodado). La victoria fue rotunda, es más el Nene se aseguró en la quema de partirle en cuatro la japonesa para que no pueda recuperarnos lo perdido.
El Alfredo no mosqueó. Se fue con la mano izquierda en el bolsillo y la derecha vendada atada con un pañuelo al cuello, masticando bronca. Sabia que solo le quedaba la revancha que le pudiera dar la vida.


Apolo.

miércoles, junio 28, 2006

De Abastos, bastos y resistencias


El Gringo es el hijo de Molina, uno de los pocos changadores que quedan del viejo mercado de Amoedo , que cuando volvió la democracia de la mano del presidente Alfonsín se disgregó con la apertura del mercado central de eseiza . De ahí , los puesteros viejos que se adaptaron al sistema mudaron su actividad a la ciudad concentradora de frutos de la tierra que prometía prosperidad y crecimiento.
Muchos de ellos que creyeron en que podían crecer, invirtieron todo apostando a un estado que defendería sus intereses sin especulaciones. Pero no. Así como el mercado concentraba en sus interminables angares naves plenas de coloridas variedades y exóticos frutos de nuestra generosa tierra, también se erigía un ente recaudador de la actividad acaparando los depósitos de miles de puesteros que mansamente confiaban sus brutos ingresos en manos de un paternal y confiscador estado.
Muchos no aguantaron el desangre y se fundieron . Otros con espíritu cooperativo volvieron a la fuente y entre unos pocos levantaron en el límite entre Berazategui y Quilmes un emprendimiento que los intendentes de turno procuraron persuadir de su realización con persecuciones. Así ora en el potrero, echados de Quilmes , ora cruzando el alambre fronterizo del partido, terminaron por instalarse definitivamente en el campito que perteneciera al partido de Beraza.
Pero ideas encontradas terminaron dividiendo a sus protagonistas de donde surgió un nuevo grupo que buscó su propia realización en terrenos de Av. La Plata y Pelegrini.

Veinte años no es nada y es suficiente para construir una historia,resistir una vida, para ver crecer un hijo y tal vez descansarse en él.

El hijo de Molina, El Gringo, esta mañana cuando llegue al mercado chapaleando heladas para comprar tomates con gusto a tomates, como los de antes, que tenían gusto a tomates y olor a tomates, me vio y me saludó con una mano en alto que sacó del calor de las brazas hechas con esqueletos de cajones en un tambor de aceite; Frío Don Fiore? Me gritó a modo de saludo. Fríos eran los de antes, le contesté y ahí me di cuenta que a mí también me habían pasado los años, que mi respuesta era la vieja respuesta del que afirma que todo tiempo pasado fue mejor. Un síntoma. Seguramente como cuando los pájaros trinan despedidas, aun sin que veamos caer la sombra de la noche, que empieza a avanzar en el horizonte anunciando el ocaso de otro día.