Un poema de Alina Diaconú
Hace 3 meses.
Comencé removiendo escombros, a pala y pico un refugio donde atrincherarme. Un canal en busca de mi mismo, ahí, donde mi olfato perdió el rastro de mis huesos. …Y me encontré, un día me di cuenta que era tan solo un Juan de los Palotes y que aún estaba vivo. Entonces entendí que debajo de mis huesos la tierra siempre espera paciente incluir en ella una semilla . Entrá, cambia la yerba, tengo unos leños encendidos con la pava al costado esperando tu visita; tomas unos mates?
Hoy la caricia me sonríe.
Afortunado sueño con tu rostro
me turba de inquietud esta mañana:
Subimos el atajo,
talé la mata de tu selva
a golpe samurai certero
labré sendero hasta tu puerta,
amalgamados, a dos,
en el vientre agitado del deseo.
Publicadas por
Horacio Fioriello
a la/s
2:49 p. m.
Etiquetas: Eróticos
5 comentarios:
Buen texto, me gustó ese camino...
Besos!
Un sendero que vale la pena recorrer, sin duda alguna...
Gracias por haberme dado refugio en tu trinchera, es un placer.
Besos Juan.
hermosas las metáforas
Y es así, que este momento mágico entre otros poco, son los que dan a la vida plena significación, un gusto leerme amigo, Ruedas.
Son buenos los sueños donde el objeto del deseo es obtenido a puro esfuerzo y se llega a él acortando caminos laboriosamente...
Muy bello!!!
Publicar un comentario