viernes, febrero 21, 2014

La Ciénaga



Pisaron en falso. No ignoraban las consecuencias pero asumieron el riesgo con la estoica valentía de los que solo saben huir hacia adelante. Suicidas en busca de su destino. Dos fatalidades en yuxtaposición. Sobrados motivos atizando revivir el deseo perdido, el paraíso perdido, el sabor olvidado de un orgasmo, la virtud de un beso cuando la lengua se cuartea de restregarse a solas contra los dientes buscando sepultar el oprobio. Descarnados. Desalmados. Olfateándose en viceversa ese olor señal que exhalan las flores cortadas cuando se pudren en su propia agua. Se sabían tan cercanos a la noche como dos seres oscuros, malditos Negados del mundo, aborrecidos. Buscando pertenecerse para ser en el otro, caminaron juntos y a la par. Desoyeron señales. Se burlaron de las reglas y los oráculos. Morir es una opción que puede aliviar cuando el dolor no da respiro y el amor puede ser acaso motivo suficiente para alejar a la muerte, solo por hoy.
Caminaron como acróbatas a 7 cm del suelo y desde esa altura se dejaron caer juntos a la ciénaga del amor que todo lo devora; cuando el universo se alinea y confabula en contra para desaprobar un amor prohibido.Se fueron hundiendo en ella como se ahogan los ebrios en lágrimas de alcohol.
Dicen que murieron juntos, en un mismo instante.
Dicen que al ir muriendo sus dedos crispados asomaron a la superficie en un grito ahogado de socorro que nadie quiso escuchar.
Dicen que el amor es una arena movediza que como la eutanasia te libera del odioso acto de vivir.

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