Un poema de Alina Diaconú
Hace 3 meses.
Comencé removiendo escombros, a pala y pico un refugio donde atrincherarme. Un canal en busca de mi mismo, ahí, donde mi olfato perdió el rastro de mis huesos. …Y me encontré, un día me di cuenta que era tan solo un Juan de los Palotes y que aún estaba vivo. Entonces entendí que debajo de mis huesos la tierra siempre espera paciente incluir en ella una semilla . Entrá, cambia la yerba, tengo unos leños encendidos con la pava al costado esperando tu visita; tomas unos mates?
Sos mi último verbo,
tambien mañana mi primer enigma
y sin embargo, la duda,
como si raspara un hueso
pelando carne
donde nada queda que roer.
Tendré que acostumbrarme
a la prudencia de los ángeles,
mientras me divorcio
de este hábito de andar
buscando el sol, entre tinieblas
Publicadas por
Horacio Fioriello
a la/s
1:51 a. m.
6 comentarios:
Contigo ya me estoy acostumbrando a no poder elegir frase alguna de tus versos...
todos son exquisitos!
aplauso enorme
Si, bellísimo poema.
Y habrá que acostumbrarse... jaa.
Saludos, Mabel.
estaba pensando que a lo mejor podría comentarte de modo retrasado... vos qué opinás?
Juan, como siempre , unos versos preciosos.
Te dejo un abrazo.
zás, me descubrieron igual...
Excelente, desde el primero al último verso. Un placer haber encontrado este blog.
Jeve.
Publicar un comentario